¿Amar tras un divorcio Tu oportunidad para crecer

Después de sufrir un proceso tan doloroso como el divorcio, la mayoría de las personas, sienten que sus vidas no fueron hechas para el amor. Creen que, nunca más volverán a tener una relación, sobre todo cuando la persona ha sido abandonada por otra.

Esto se debe a que están experimentando la pérdida de la pareja como un duelo, y piensan que toda relación que inicien, tarde o temprano va a llegar a su fin, y reiniciarán el ciclo de sufrimiento.

Este proceso de duelo, estoy de acuerdo con la teoría de la psiquiatra Kübler-Ross, que habla de fases fundamentales, y puede aplicarse para la pérdida de cualquier índole, aunque desde nuestra experiencia profesional, añadimos algunas características más:

  1. La etapa de negación:

    Suele ser una de las etapas más cortas, porque la realidad “nos da en la cara”. Durante este periodo, el individuo no acepta su situación, es un mecanismo de evasión al dolor.
  2. La etapa de ira:

    En este momento, la rabia y el resentimiento hacen mella en nosotros. Hay que tener cuidado, porque suele ocurrir que explotamos de la nada contra cualquier persona en nuestro entorno, lo que puede dificultar enormemente nuestra capacidad comunicativa con quienes nos aman o incluso, con cualquier allegado o desconocido. Entendamos que ninguna de esas personas tiene la culpa de lo sucedido.
  3. La etapa de negociación:

    En este punto comenzamos a replantearnos en la mente cómo hubiesen sido las cosas si hubiéramos actuado de tal o cual manera. “Quizás, si hubiese cedido…”, “Quizás, si le hubiese perdonado…”, y así vamos inventando toda una telenovela en nuestra cabeza, con cualquier clase de argumentos que nos desvíen del resultado real. Es una etapa de “culpabilidad” de uno mismo y de “autocrítica”.
  4. La etapa de depresión:

    Aunque en este apartado no estemos hablando necesariamente de una depresión clínica, hay que ser precavidos, porque a veces acaba convirtiéndose en una en toda regla. Esta parte es una de las más difíciles de todas. Y es así porque en la emoción de “tristeza”, es la más difícil de salir. El cerebro se desconecta de la motivación y la rabia (donde sí había energía), se ha convertido en tristeza, donde ya no hay la motivación para seguir viviendo. Podemos quedarnos atascados, porque la tristeza y el dolor, pueden hacernos sentir que no vale la pena continuar sin esa persona a nuestro lado.
    Hay personas que se quedan aquí demasiado tiempo, y eso contribuye al sentimiento de desolación y pérdida convirtiéndose en una “depresión permanente”. A veces, en el caso de un trauma demasiado fuerte, la persona se puede quedar atrapada en esta fase.
  5. La etapa de aceptación y resolución del duelo:

    Es aquí donde finalmente reconocemos que nuestra situación no va a cambiar, y que inevitablemente la vida sigue, por lo que intentamos reconstruirnos personalmente a pesar del dolor emocional. Aprender de la situación y quedarte con lo positivo del tiempo vivido. No entenderlo como una pérdida en el tiempo, sino como una etapa que pasó y de la que vivimos algo diferente.

Que una relación en la que invertimos tanto tiempo de nuestras vidas, no haya funcionado tal cual lo imaginamos, no quiere decir que el amor no existió o que ese sentimiento de amar y ser amado se te está negando para siempre.

Si has pasado por un divorcio, date la oportunidad de experimentar cada una de las fases del duelo, para que sanes tus heridas y de allí, renazca un nuevo tú con otra perspectiva de vida, porque aunque no lo “veas en ese momento”, solo superando cada una de las fases, puedes aprender que de lo que creemos tan negativo, siempre hay algo positivo que aprender. Pero hay que estar dispuestos al cambio, a mejorar. Entender que tu amor nunca está en el otro, ni basado en el otro, sino en uno mismo. Afuera hay un mundo lleno de gente maravillosa que espera por conocerte, pero recuerda que la primera persona que debe amarte eres tú mismo.

Agradece la oportunidad que te brindó esa otra persona, para bien o para mal, para compartir su vida por un tiempo determinado, y déjala ir con la certeza de que a pesar del dolor de su partida, era lo más conveniente para ambos.

Perdónala y perdónate, solo así estarás verdaderamente listo para una segunda oportunidad. Te lo mereces.

 

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