¿Quién no ha vivido uno de esos episodios en los que quiere matar, metafóricamente claro, al jefe o al compañero de trabajo? ¿Quién no ha salido ofuscado (a) tras una reunión laboral?

Todos somos seres humanos, por lo que es normal experimentar todo tipo de emociones mientras laboramos, en especial en estos tiempos tan convulsos donde el encierro ha mermado un poco nuestro equilibrio emocional.

 

¿Cómo gestionar la ira en el trabajo?

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Qué son las emociones

Vienen con nosotros de nacimiento, las experimentamos a diario, ¿pero qué son exactamente? Existen muchos conceptos, pero me gustó el que utilizó la dra. Prieto Egido (2012) en su tesis doctoral:

Las emociones implican una alteración del ánimo, que experimentamos en distinto grado entre los ejes de placer y displacer, no pudiendo situarse nunca en el punto cero, que designaría un estado de ausencia de excitación. Pero este rasgo no parece diferenciarles de otros estados afectivos, como las disposiciones afectivas, ya que todos conllevan una coloración del ánimo. (p.106)


Y de hecho, tal como señala la misma autora más adelante, una de sus características principales es su corta duración. Es decir, solo estaríamos hablando de las experiencias diarias y espontáneas que no tienen mayor significancia en nuestras vidas, puesto que situaciones más complejas como el duelo vienen ligadas a nuestros afectos.


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Manejo emocional durante el COVID-19

gestionar_ira_trabajoLa pandemia de la que ha sido víctima el mundo entero, no solamente ha dejado tras de sí una estela de miedo ante el contagio y las incontables víctimas que ha dejado a su paso, sino que también; ha generado todo un desgaste emocional por el COVID-19 en todos los aspectos, lo que puede traer enormes consecuencias como la ira, que de no ser gestionada sabiamente, puede ser dañina para quien la padece.

La rabia nace de sentirnos amenazados por algo o alguien, también por una injusticia, humillación, frustración, por ende; tiene la función de preparar nuestro cuerpo y mente para defendernos, porque entre otras cosas, las emociones nos ayudan a adaptarnos a lo que está aconteciendo en ese instante.

Vienen con nosotros por nacimiento, pero debemos aprender a gestionarlas adecuadamente.


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Las emociones en los niños

Por ejemplo, es normal que los niños hagan pataletas y hagan escenas de rabietas, sin embargo; con buena guía pueden aprender a manejar su emocionalidad y superar esta etapa.

Como ejemplo, quiero compartir con ustedes este simpático cortometraje que encontré sobre el mal manejo emocional que solemos hacer en nuestras vidas, y que muchas veces terminamos por contagiar a nuestros hijos.



¿Interesante, no? Ahora bien, resulta que como el papá del video, una de las maneras más usuales que tenemos los adultos de manejar nuestras emociones es inhibiéndolas por temor a no sabernos controlar.

Por ejemplo, en el caso de la rabia, pensamos que demostrar públicamente que estamos enojados no es correcto y que pondría en riesgo ciertos aspectos de nuestras vidas.

Otras personas, no obstante, optan por dejarse llevar por el tropel energético de la ira y explotan, vomitan todo lo que sienten, echan la culpa sobre los demás y así drenan su malestar.


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Tres tips para manejar la ira en el trabajo

Lo más saludable ante la ira es saber manejarla eficazmente, de forma de que la emoción no haga mella en nosotros y no perjudique a los demás.

Si bien los siguientes tips los escribí pensando en un ambiente laboral, quiero que sepas que puedes aplicarlos en cualquier escenario de tu vida, porque la gestión de emociones es un proceso diario de autoentendimiento.

 

Piensa qué fue lo que te molestó concretamente

Piensa qué ocasionó tu malestar: ¿fue la acción o al contrario, la no acción de alguien? ¿Tal vez fueron sus gestos o quizás tu frustración? Acumular problemas solo nos va a llevar a drenarlos de golpe, en el momento menos pensado y con la persona menos indicada.

Seamos sinceros con nosotros y analicemos las causas de nuestra ira.

 

Analiza si realmente es relevante para ti

Una de las maneras más eficaces de controlar una alta emocionalidad es relativizar la situación. Pregúntate: ¿es esto verdaderamente importante para mí? ¿Es grave? Puedes incluso, hablar de la situación con otra persona, porque al expresar lo que sientes es probable que puedas aclarar tu visión sobre el asunto, además, puede que esa otra persona ajena al hecho sea un poco más imparcial.

 

Gestiona tu emoción

La ira mal gestionada, puede convertirse en rencor, lo cual es altamente perjudicial no solamente a nivel psíquico sino somático, ya que la persona que la padece puede desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Una manera práctica para drenarla es tomar bocanadas de aire y soltarlas suavemente. Quizás el malestar no se pase del todo en ese momento, pero respirar profundamente ayuda a liberar tensión y estrés, por lo que podría ayudarte a no decir o hacer algo de lo que te puedas arrepentir más adelante.

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Al final, las emociones siempre van a estar allí, así que lo mínimo que podemos hacer es aprender a manejarlas efectivamente. No temas, al contrario, enfréntalas y conviértete en tu propio maestro emocional.

Bibliografía

Prieto Egido, M. (2012). El reconocimiento del otro en la pedagogía cívica: estudio sobre la función de las emociones en relación con la alteridad (Doctoral dissertation, Universidad Complutense de Madrid).

 

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