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Es sorprendente cómo de manera exponencial se ha desarrollado la inteligencia artificial. Y es que está tan insertada en nuestra vida diaria, que estamos constantemente interactuando con ella.

Alexa, Google Home, Siri… Todos son capaces de brindarnos las respuestas que buscamos, de tendernos una mano o de incluso sacarnos alguna sonrisa… Pero, que nos hagan reír con alguna ocurrencia algorítmica, no quiere decir que sientan emoción alguna.

Desde asistentes personales, clasificadores de contenido hasta bots para mensajerías, los algoritmos llegaron a nuestras vidas para facilitárnosla con sus múltiples servicios de información. El mañana que soñábamos con robots ya está aquí.

Estas IA nos generan todo tipo de emociones, sin embargo y pese a que estén preparadas para leer ciertas respuestas de nuestra parte gracias a una arquitectura de estímulos preconcebidos, estas máquinas no son capaces de sentir. Sus respuestas, por ser un comportamiento programado, jamás vendrán de la esencia emocional.

¿Solo los humanos podemos sentir emociones?

Las emociones son producidas por estímulos internos o externos que generan un cambio somático en nuestro cuerpo. Una vez que dicho proceso se concientiza en el individuo, se produce una emoción, que deviene en una reacción neurofisiológica desencadenada, gracias a la neuroquímica de nuestro cerebro.

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Comandan tanto en nuestras vidas, que las emociones nos empujan a tomar decisiones, aunque pensemos que la responsabilidad total es de nuestro raciocinio. Bien dicen popularmente que no deberíamos decidir nada con la cabeza caliente, y es cierto; pero eso no significa que luego de pasada la efervescencia inicial, no se involucren en lo que decidamos.

Ellas guían nuestro comportamiento individual, social y nos ayudan a adaptarnos al entorno. Tan es así, que muchas de ellas también las tienen los animales, pues algunas tienen la función de ayudarnos a sobrevivir, gracias a que nos ayudan a prepararnos para la batalla, como el miedo, o incluso; el simple hecho de ayudarnos a reproducirnos como especie.

Las emociones se reflejan usualmente en el rostro humano… Y digo usualmente, porque bien que podemos sentir rabia en algún momento, y dibujar una sonrisa fingida en nuestra cara.

De hecho, se habla de que que existen seis emociones básicas: alegría, tristeza, rabia, sorpresa, asco y miedo; aunque existe una corriente que establece solo cuatro, ya que considera que el miedo y la sorpresa comparten las mismas expresiones, al igual que el asco y la ira.

En todo caso, sean seis o sean cuatro, lo verdaderamente importante es todo el complejo entramado que desarrollan en sus diversas manifestaciones tanto fisiológicas, como cognitivas y conductuales… Esa es la gran obra de arte.

La toma de decisiones según la inteligencia humana vs. la inteligencia artificial

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Los desarrolladores de las inteligencias artificiales, animados por la idea de poder sugerirles a los usuarios qué comprar o qué pensar, se han dedicado al estudio de las reacciones humanas ante las emociones, para intentar prever con antelación la conducta del usuario.

Sin embargo, y a pesar del gran desarrollo en estos últimos años, no siempre son acertados por dos motivos: no hay dos personas que piensen igual (ni siquiera los gemelos siameses lo hacen), ni ninguna vida se parece a otra, ni ningún entorno, y segundo; porque las emociones van de la mano junto a nuestro raciocinio para analizar con detenimiento cada opción.

Y yo me pregunto, ¿qué ocurriría si dejamos que sea una máquina la que decida por nosotros? Los humanos estamos completamente capacitados para decidir y mejorar nuestra vida, y la de nuestro entorno con la posibilidad de influir en él, a pesar de lo que pueda decir un bot.

Lo que nunca podrá tener un robot

Nuestras emociones, bien sean básicas o secundarias, se rigen por normas éticas y sociales, por nuestra propia educación, por las tradiciones, por nuestras experiencias, por nuestras creencias y prejuicios. Es decir, son expresiones individuales, más allá de que todos podamos manejar la misma baraja.

De hecho, gracias a ello nunca una persona va a responder igual a otra, y lo que puede motivar rencor y deseo de revancha, en otros puede generar un deseo de crecer o un propósito de altruismo. Nuestro complejo mundo interior simplemente no puede ser imitado.

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Por ello es tan indispensable el buen aprendizaje y desarrollo de la inteligencia emocional, para lo cual es necesario:

  • Autoconocerte con el fin de que sepas identificar lo que sientes y de esta manera, entiendas en qué manera te afectan y a qué responden tus sentimientos, para que practiques una adecuada toma de decisiones autoconsciente, sin dejarte intoxicar por la marea emocional.
  • Autocontrolarte para que dirijas tu vida con inteligencia, porque aunque no lo creas, tus emociones pueden jugarte una mala pasada y sabotearte. Saber manejarlas es un requisito indispensable para la sana convivencia con el mundo.
  • Automotivarte para que te enfoques en tus objetivos y no en las murallas que puedas encontrar. Fijarse en lo que nos entorpece por encima de nuestra recompensa, es una actitud aprendida que debemos cambiar. Ser constantes y desarrollar una gran fortaleza en pro de nuestras metas es cuestión de práctica.
  • Desarrollar tu empatía porque cuando te conoces lo suficiente, puedes saber cómo se siente el otro, entender lo que no es capaz de decir en palabras. Ponernos en su lugar y brindarle amor, es la única manera de recibir el mismo gesto a cambio.
  • Mejorar tus habilidades sociales porque mientras más nos relacionamos con quienes nos rodean, podremos crecer más en afecto e intelecto. De hecho, quienes tienen largas y estables relaciones de pareja, lo han logrado gracias a que han hecho de sus relaciones de amor un verdadero lazo de amistad sincera, lo que les brinda una mejor calidad en salud. Es decir, al educar nuestra propia emocionalidad, estamos desarrollando más habilidades sociales y bienestar en todos los ámbitos.

Ser conscientes de nuestra inteligencia emocional es descubrirnos a nosotros pero también aprender a conocer a los demás, que al final de cuentas, es la gran llave para establecer lazos de confianza y cooperación mediante el diálogo de corazón.

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Aprovechemos pues las ventajas que nos brindas las famosas IA como una herramienta que nos brinda más conocimiento sobre el mundo, sobre nosotros mismos, pero entendamos algo muy simple: ningún robot puede brindarnos la felicidad, ni protegernos de quien solo quiere abusar de nosotros o de quien intenta manipularnos. Su tarea es justamente la contraria, y debemos estar al tanto de ese peligro.

Tú tienes el control sobre tu vida. No dejes nunca que un algoritmo ideado por un tercero decida por ti.

 

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